
Ago 16
El otro día, que amaneció más o menos agradable decidimos hacer una “costera” por el Urdaibai.
Cogimos el coche a eso de las 11:30, tampoco hace falta madrugar en día festivo, y tiramos por la general hacia Gernika. Atravesamos el centro del pueblo para recordar la zona del mercado y los arcos de la calle principal y seguimos de largo hacia Gautegiz-Arteaga. Aprovechamos para hacer una paradita en el Castillo, transformado en un hotelito de ensueño con un restaurante y una cafetería accesibles para todos los visitantes. Nos contó un amigo que las habitaciones que están en los torreones, son especialmente bonitas al ser redondas y contar además con jacuzzi. Cuidado porque la entrada es un poco brusca y está justo antes de salir del pueblo hacia la izquierda.

Seguimos nuestro trayecto por la costa hasta Laida para coger después una carretera secundaria hacia la derecha bastante empinada que nos sube hasta Akorda. Antes pasamos por el barrio Gametxo y su hotel-restaurante conocido principalmente por las increíbles vistas de toda la costa. Ya en Akorda paramos a tomar un caldo en el restaurante del pueblo, también famoso, pero por su menú “al libre albedrío”, te ponen lo que quieren. Supimos que el dueño murió recientemente, una pena porque hemos celebrado numerosas comidas de cuadrilla en este sitio acogedor y muy arreglado de precio, especialmente si no te sales del vino de la casa. No os preocupéis porque parece que el legado perdura y se puede seguir disfrutando del lugar.
Decidimos estirar las piernas y dar un paseo. Hay un pequeño recorrido que sube hasta la cima del monte Atxerre y la ermita de San Pedro y merece la pena para respirar aire puro en este entorno de encinares y acceder además a las mejores vistas del estuario de la ría de Mundaka. Hay gente que sube desde Laida, nosotros sólo hicimos el primer tramo llano desde la plaza de Akorda, porque el recorrido de ida y vuelta dura alrededor de hora y media y no nos daba tiempo. Está muy bien indicado si os animáis, el primer tramo empieza en la carretera pero ya el primer cruce a mano derecha indica la dirección a la ermita para dejar el camino asfaltado y entrar en una bonita senda.
Nosotros seguimos nuestro periplo hacia Ea, pueblito costero, estrecho y alargado que acaba en una playita y un mini puerto. Curioso es que está atravesado por varios puentes que le dan un toque “veneciano” ya que en realidad el pueblo hace una ruta circular. Justo en medio de nuestro paseo por la playa empezaron a caer los típicos gotones de lluvia primaveral y decidimos ir a Bedarona a comer en “el del mirador acristalado”, aconsejados por distintos amigos y conocidos de la zona por su excelente relación calidad/cantidad/precio. Al llegar nos dimos cuenta que por la hora y las fechas era imposible sin reservar, tener un sitio en este pequeño restaurante, privilegiado por su situación en un alto desde donde se divisa el mar. Supongo que cualquier otro fin de semana no hay problemas de espacio.
Decidimos ir hasta Ispaster y allí conseguimos mesa en un sitio junto al frontón donde por 20€ comimos un menú muy rico a base de ensalada, langostinos a la plancha, rabo de buey, merluza y postres caseros.
Bajar la comida requería otro paseo y teniendo en cuenta que brillaba un sol radiante nos decidimos a coger parte del GR que venía marcado en la misma plaza del pueblo. Así conseguimos subir hasta un punto que nos permitía ver de nuevo toda el recorrido de la costa por donde habíamos llegado y al fondo sobre el mar la escena bucólica de los veleros surcando el viento…
De vuelta a la realidad, el barrillo que se había formado con la lluvia caída en los últimos días nos dio la anécdota del día. Culada de una amiga que tuvo que seguir la excursión llena de barro el resto de la tarde jaja!
Volvimos por Bedarona y ya más tranquilos tomamos un café viendo a unos chabales jugar un partido de pelota mano en el frontón. Escena tradicional cuando menos de nuestra cultura. Seguimos camino a la playa de Laga, para disfrutar de la fuerza del mar en marea alta, el cabo de Ogoño al fondo y como no, el bar de la playa donde recuerdo los chocolates con tostadas y mantequilla que tomábamos de pequeños y que hoy en día siguen siendo un lujo para disfrutar mirando el mar.
Os recomiendo también un bar en Kanala con una terraza trasera colocada directamente en la hierba para ver el anochecer sobre la ría, precioso! pena que esta vez estaba cerrada y nos limitamos a ver el paisaje de pié antes de volver a Bilbao.

Perdón, último rincón y parada de la excursión. Ya habíamos cogido la autopista y pasado Amorebieta cuando vimos el cartel de Boroa, aprovechamos los últimos rayos de sol para sentarnos en la terraza del restaurante con el mismo nombre y disfrutar, esta vez sí, de la puesta de sol con vistas a los montes de Bizkaia.
Vaya día y sin salir de la tierra!
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